iario isionero

Saludo en la inauguración de nuestras casas.

 (Diciembre 2008)
 

       A finales del mes de Noviembre y principios Diciembre tuvieron lugar las inauguraciones de nuestras casas de formación, tanto en Eluru como en Madurai. He aquí la intervención del Superior General.

"En nombre de la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia extendida hoy por catorce países os doy mi cordial saludo de bienvenida a este acto de inauguración de estas instalaciones. Acontecimiento que debe suscitar en nosotros motivos de acción de gracias a Dios, acción de gracias a la Sagrada Familia, patronos y protectores de Nuestro Instituto y acción de gracias a todos cuantos han hecho posible la realización de este proyecto.

 En el marco de esta fiesta me parece oportuno traer a la memoria la figura de nuestro Fundador y recordar ante todos ustedes su sensibilidad ante las necesidades del mundo de su época. El 24 de noviembre de 1864 moría en Belley (Francia) Gabriel Taborin, Fundador del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia. Este hombre de Dios, hoy Venerable, nace en Francia el 1 de noviembre de 1799. Después de varios intentos de fundación su obra va poco a poco consolidando de una manera definitiva. Nuestro Fundador quería que los Hermanos se inspirasen en la Sagrada Familia de Nazaret e imitaran en su vida diaria su modo de orar, de trabajar y de relacionarse.

En esos años de fundación de la nueva Congregación la amistad con el Santo Cura de Ars, S. Juan María Vianney, le fue de gran apoyo. Del santo Cura de Ars los Hermanos de la Sagrada Familia recibieron el siguientes mensaje: “Permaneced sencillos y humildes, cuanto más sencillos y humildes seáis mayor bien haréis”. En 1841 el Papa Gregorio XVI aprobó la Congregación y desde entonces el H. Gabriel repetía muy a menudo: “Si esta obra es obra mía sucumbirá pero si es obra de Dios, Él sabrá sostenerla”. El Papa Gregorio XVI le otorgó el título de “Catequista Apostólico” como premio a su intensa labor de educador cristiano. El Venerable Hermano Gabriel Taborin murió en Belley (Francia), el  24 de noviembre de 1864 dejando a sus hijos espirituales, los Hermanos de la Sagrada Familia, la herencia de un ideal de vida y de apostolado. Por este motivo, esta casa lleva el nombre de Gabriel Illam.

En la misión evangelizadora de la Iglesia los Hermanos de la Sagrada Familia trabajamos en escuelas de catequistas y en centros universitarios; en misiones y en escuelas rurales; en enseñanzas medias y en centros parroquiales; en granjas experimentales y al frente de imprentas; en santuarios y en organizaciones no gubernamentales, y en lugares del primer mundo y en zonas subdesarrolladas. Los trescientos veinte religiosos Hermanos de la Sagrada Familia formamos 68 Comunidades presentes hoy en algunos países de Europa, América, Africa y Asia.

 La  misión que nos ha confiado la Iglesia continúa centrando nuestros esfuerzos. En la actualidad, unos 29.000 alumnos, reciben la educación cristiana según nuestro Proyecto Educativo; 2.500 profesores laicos y otros 850 catequistas ejercen con los Hermanos la tarea de evangelización de los niños y jóvenes. Asociados a nuestra Congregación hay varias Fraternidades de la Sagrada Familia que comparten con nosotros misión, espíritu y espiritualidad y que, aunque laicos, están asociados al Instituto. Hijos y herederos de nuestro Fundador, Hermanos y laicos, seguimos comprometidos con los mismos ideales que él nos inspiró puestos al servicio de la evangelización de los niños y jóvenes.

  La inauguración de esta casa supone para nosotros no solo volver a recordar nuestra historia sino darla un nuevo impulso siendo fieles a las enseñanzas que nos ha confiado la Iglesia. Esta es nuestra esperanza y para ello confiamos con la ayuda de todos ustedes. Que la Sagrada Familia, el santo cura de Ars y nuestro Venerable Fundador nos acompañen en esta celebración. Que así sea. Muchas gracias."

H. Juan Andrés Martos

Superior General.

 

 

 

 

Más Diarios

 

 Un fuego que es vida, y vida de verdad

(Noviembre 2008)

      Mi primer mes aquí no tendría mucho de significativo salvo los problemas con el lenguaje y con el picante si hubiese pasado todo el tiempo en casa.  Pero este año mi regalo de cumpleaños ha sido especial y he podido acompañar a Hno. Roberto en la promoción vocacional por Jharkhand.  No podía volver a España sin hacer una inmersión de este tipo en la verdadera India.  Tras recorrer los 1000 Km. que nos separan de Eluru y hacer allí otros 1.000 Km. en coche, me queda la misma sensación que ya compartió Hno. Jorge en abril (véase mas abajo).

          Desde el punto de vista humano es muy chocante ver como el desarrollo y el subdesarrollo conviven a unos metros aquí.  Como se puede enviar un cohete al especio, proliferar los móviles y enorgullecerse de Gandhi y escasear la luz, el agua, los caminos, la educación y el respeto a las creencias y la igualdad.  De lo que, viéndolo in situ, me convenzo, de que es imposible que yendo a la velocidad a la que vamos, los países empobrecidos puedan alcanzar a los desarrollados, ni que la Tierra aguante tanto castigo.  Aunque a veces es mejor, porque son tan innecesarias tantas cosas...

           Desde el punto de vista cristiano es asombroso como el fuego que ardía en el corazón de los misioneros se propaga entre los cristianos y continua extendiéndose: y así se pueden ver las iglesias a diario llenas de gente en la misa; compartir en la colecta de los domingos lo que tienen (que tampoco es mucho), sea dinero, sea grano; la sencillez de sus vidas y la acogida; las innumerables instituciones y obras eclesiales sin importar que son una minoría y que en algunos sitios es hasta perseguida.  Y es que el fuego debe arder.  A veces purifica, a veces incomoda, a menudo es vida.  Jesús ha puesto fuego en nuestros corazones y desea que no sea tímido ni se apague, sino que arda. 

          Como dice la canción sé misionero en tu propia ciudad.  Animo en la tarea.

H. Ignacio.

Eluru, 1 de Noviembre de 2008

 

 

 

La reina de la casa

(Octubre 2008)

Su nombre suena un poco extraño en los oídos de un occidental, se llama Caetri, es una niña que vive con nosotros y es la reina de nuestra casa de Madurai. Tiene apenas dos años, pero se conoce todos los rincones de este edificio como sólo los niños saben descubrirlos, desde la aventura y las trastadas: grifos a su altura ideales para dejarlos abiertos, maderas sobrantes de los carpinteros que sirven de espada o de lanza según el momento y el contrincante, despensas que son  castillos y escaleras que son montañas... todo se lo conoce, incluso la capilla donde a menudo se une a nosotros en la celebración de la misa con una unción y seriedad impropias de una niña de su edad, aunque sea de religión hindú (que digo yo que ya podrían aprender los fanáticos de Orissa a respetar como lo hace ella). En fin, en apenas unos meses, Caetri se ha ganado el cariño de todos los que frecuentan esta casa que, hoy por hoy son muchos: trabajadores, Hermanos, aspirantes, visitas varias... No es extraño verla de la mano de alguna de las trabajadoras por las mañanas o encontrarla dormida en los brazos de algún aspirante durante el tiempo de la película de los sábados, o saludando a los Hermanos en plan manos juntas y reverencia aunque estés a cincuenta metros de ella. Así es Caetri, un espíritu libre que su madre, nuestra cocinera, intenta domar en la medida de lo posible.

  Sin embargo hay una historia detrás de esa niña y de su madre. El padre de Caetri las abandonó hace más de un año, cuando Caetri acababa de nacer. Ser mujer en la India es duro, pero ser mujer abandonada es peor. Por eso los Hermanos no dudamos en aceptar a la madre como cocinera y ayudar de una forma digna (un salario) a esta familia rota. La hermana de Caetri de 13 años, fue enviada a un internado para garantizar la educación básica mientras que la pequeña Caetri, ajena a todo este drama, va creciendo sin la figura de su padre (aunque nunca le falta el beso de buenas noches de su abuelo). Su futuro, no será un futuro perfecto, pero por lo menos cuando, el curso que viene, Caetri vaya al cole podrá compartir con sus amigos y amigas las trastadas y aventuras que hoy son el pan nuestro de cada día.

Sed felices

H. Jorge

Madurai, 10 de Octubre de 2008

“¡Matad a los cristianos y destruid sus instituciones!”

 (Septiembre 2008)

Parecen lejanos los primeros siglos de la historia de la Iglesia cuando los cristianos eran perseguidos cruentamente por los romanos y tenían que refugiarse en las catacumbas. El fanatismo hindú, en alta, es uno de los males que afectan a este país, mundialmente conocido por su tolerancia religiosa. En la actualidad, en este y en otros estados, la minoría cristiana (cerca del 2.5% de la población) sufre persecución. Ciertos sectores de las castas altas no están interesadas en la promoción humana de los pobres en la India. La mayoría de los cristianos son intocables o tribales, los últimos de la sociedad.

Estas palabras han sido gritadas la semana pasada por miles de fundamentalistas hindúes en el estado de Orissa. No sólo gritadas sino, por desgracia, puestas en práctica con decidida crueldad. Durante tres días las autoridades del estado no han hecho nada por controlar este odio sin sentido. Prácticamente todas las Iglesias de la provincia de Khandamal han sido quemadas, junto con las casas parroquiales, los conventos y los internados aledaños. Las casas de los cristianos, todos ellos tribales, han sido quemadas y algunos de ellos asesinados. Sacerdotes han sido atados desnudos a árboles y expuestos a la burla pública y algunas religiosas han sido violadas. Los que han podido escapar se encuentran escondidos en los bosques de las montañas.

Estas tristes noticias han ido llegando a nuestra casa de Eluru por medio de los medios de comunicación social y por los testimonios transmitidos por amigos de la casa y por los aspirantes provenientes de este estado. Todos los miembros esta casa nos hemos solidarizado con su dolor, hemos condenado estas acciones inhumanas contrarias a los derechos humanos y hemos rezado por nuestros hermanos en la fe que sufren esta persecución injustificable.

Aún recuerdo esa agradable visita que hice junto con el Padre Devasia a Padangi, una de las parroquias que atienden los Paules en esa zona, a principios de agosto del año pasado. Allí celebramos la entrega definitiva a Dios de un grupo de Hermanas de Santa Ana. La mayoría de ellas de la tribu Gond. Estos tribales fueron evangelizados por los Paules españoles. En la casa provincial de Berhampur pude contemplar sus fotos y dar gracias a Dios por su entrega en esta misión durante tantos años. De aquello que yo contemplé no queda nada, todo ha sido destruido. Los ojos se llenan de lágrimas al ver la foto que tomé a los niños del internado. ¿Dónde irán estos niños ahora a escuela? ¿Qué puedo hacer yo por ellos? Son preguntas que me vienen una y otra vez, y que no sé como responder. Supongo que Dios iluminará el camino para poder ayudarlos.

“Sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos”.  

H. Roberto.

Eluru, 1 de Septiembre de 2008

 

 

Un mes de experiencia, tantas cosas por contar

(Agosto 2008)

Parece mentira que hoy haga un mes que comenzara nuestra andadura en la India. Han sido tantos momentos especiales, tantas sensaciones trasmitidas, que la vivencia parece que pertenece a nuestros corazones desde hace mucho más tiempo.

 ¿Cómo resumirla? ¿Qué podemos contaros?

     Para nosotros, la India nos ha mostrado un país lleno de colores, de contrastes, de gente pobre y de muchas sonrisas. Durante tres semanas, un sacerdote diocesano, el padre Ammana Raj, nos ha abierto las puertas de su casa, de su parroquia, de su escuela, de su internado y de su gente. A su lado, hemos compartido el día a día de una zona rural del sur, Dharbagurem,  aportando nuestra gota de agua en un inmenso océano de realidades que mezclan la pobreza con la dignidad y la sonrisa. Y en cada encuentro compartido,  aprendimos y descubrimos algunas cosas que en nuestro hogar europeo parece que a veces olvidamos:

     Estuvimos en sus escuelas y descubrimos que el idioma no es un impedimento para comunicarse con la gente; estuvimos en sus casas y descubrimos que un niño puede vivir en una choza hecha de ramas y salir con el uniforme en perfecto estado para ir a aprender; estuvimos en sus eucaristías y descubrimos que la misa puede ser fuente y vida en una comunidad convencida, estuvimos con sus párrocos y descubrimos que la Iglesia puede construir y crecer para que todos tengan más  oportunidades… No dejamos de descubrir, de crecer como personas y de compartir momentos de vida increíbles.  Esas niñas y niños duermen en el suelo y comen con las manos, pero sonríen de corazón y se lo pasan “bomba” aprendiendo a jugar o a cantar el “Chivirichá”…

       Agradecemos de corazón a todos los que han hecho posible que este sueño se haya hecho realidad, especialmente, a los hermanos de la Sagrada Familia que nos han  acogido en sus casas y nos han dado todo su cariño durante estas semanas.  Que su espíritu de familia nos ayude a todos a ser mejores personas y sonreír como lo hacían las niñas y niños que hemos conocido en la India.

 Pere Muñoz.

Madurai, 1 de Agosto de 2008

 

Comenzar con renovada ilusión: Una de cal y otra de arena

(Julio 2008)

El mes de Junio es para la mayor parte de la India el mes en el que comienza el curso escolar. Para nuestras dos casas de formación es también el mes en el que comenzamos nuevo curso, tanto con los formandos que estuvieron con nosotros el curso pasado, como para los que vienen por vez primera.

    El comienzo de este curso ha sido ilusionante. Gracias a Dios el esfuerzo de promoción vocacional realizado durante el curso pasado ha dado su fruto. Tanto en Eluru como en Madurai los dos grupos de nuevos candidatos son numerosos y variados. Esto significa más trabajo y más riqueza. En nuestra casa de Eluru se puede escuchar hablar unas ocho lenguas distintas. Esto se debe a los candidatos que han llegado por vez primera de los estados de Orissa, Chhattisgarh y Jharkhand.

      Algunas realidades de nuestros aspirantes: Jagjeet (Jashpur) llegó enfermo de malaria y ahora está contento y cogiendo kilos. Rayappa (Eluru), que sufre la ausencia de su madre muerta recientemente, ha encontrado aquí el cariño que le falta en casa. Prapul (Gumla) le conocimos en Kunkuri como protestante y en las vacaciones se ha hecho católico para poder ser Hermano. Sanjay (Rourkela), el chico que no pudimos visitar por las largas distancias a pie, recibió nuestras cartas de selección y ahora está haciendo amigos sin problemas. Obosalem (Berhampur), huérfano de padre, hizo un largo viaje desde su aldea para venir aquí.

     La otra cara de la moneda son los edificios para nuestras casas de formación. Como era de temer no están terminados. El retraso en la finalización de las obras nos ha hecho posponer el traslado. Esto ha añadido tensiones a la vida diaria y nos ha obligado a buscar soluciones de paso con los consiguientes ajustes.

     Pero “a pesar de los pesares”, podemos decir con el salmista que “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. La promoción vocacional está encarrilada y la construcción de las casas de formación es cuestión de tiempo. Este año tendremos que enfrentar el reto de la formación. Rezad  por nosotros para que sepamos responder a sus gracias y a sus llamadas durante el aventuroso curso que acabamos de comenzar.

 Gracias y hasta pronto.

Roberto Cabello.

Eluru, 1 de Julio de 2008

 

Cambio de aires...

(Junio 2008)

Nos hemos mudado de casa. Seguramente os preguntaréis si ha sido a mejor o a peor... pues bien, por ahora está siendo difícil para todos. Era necesario hacerlo, pero ha sido como dejar una casa con jardín y trasladarse a un polígono industrial. Era obligado porque el nuevo grupo de aspirates (más de 20 muchachos) estaba a punto de llegar y en Boys' Town no había suficiente espacio para acogerlos, así que no quedaba otro remedio que hacer las maletas, empaquetar todo, montar unos cuantos camiones (es alucinante lo que se almacena en cuatro años) y mudarse al otro lado de la montaña.

    Ahora toca empezar de cero, ir conquistando la casa habitación por habitación, ir haciendo de este caserón un hogar acogedor y habitable, como dice la canción "hacer de nuestra casa un Nazaret". Hoy por hoy, la tarea se nos presenta poco más que imposible porque la casa en la que vivimos está a medio hacer (nunca mejor dicho porque de las dos plantas, la de arriba está sin hacer), porque está llena de obreros que trabajan (unos más que otros) para ganarse el pan, porque cuando no es el agua, es la luz o la presión o las ventanas o el viento... el caso es que hay que armarse de paciencia, de mucha paciencia, para no sucumbir en esta vorágine de escombros que nos rodea.  Esto es como el pueblo de Israel en su camino hacia la tierra prometida. Digo yo que más que otra cosa, fue la esperanza la que les hizo caminar, la que les llevó a cruzar el desierto y llegar a algo mucho mejor... pues eso, eso es lo que esperamos, que la esperanza nos ayude a construir nuestra casa por dentro y por fuera.

    Puede ser que sea una casa más "lujosa" que nuestra querida nave de Boys' Town, nazarena y sencilla, ... sé que a los chicos les da un poco igual (en eso son más sabios que los adultos), porque de alguna manera, saben que las verdaderas piedras de lo único que hay que construir en La India son ellos mismos... que así sea.

    Sed felices.

H. Jorge

Madurai, 1 de Junio de 2008

 

La dignidad de la pobreza

(Abril 2008)

Fue con motivo de la visita a las familias de los candidatos interesados en unirse a nosotros el próximo curso. Las más de 20 horas de tren que nos llevó desde Eluru hasta Ranchi (unos mil kilómetros) nos dio la oportunidad a Roberto y mí de charlar largo y tendido (nunca mejor dicho), de bromear, de rezar, de soñar, de conocer gente…  El objetivo era sencillo: pasar diez días en las diócesis tribales de los estados de Jharkand y Chhattisgarh visitando familias y descubriendo, por lo menos yo, una India totalmente distinta a la del sur. Después de varios días a lomos de un jeep (en esa zona montañosa las carreteras son “simbólicas”), de visitar familias en lugares remotos y de descubrir la bondad natural en todas ellas, me  fui dando cuenta de que estábamos siendo testigos de algo tan difícil de encontrar como la dignidad de la pobreza.  Porque una pobreza es digna cuando es limpia, cuando no busca aparentar y cuando se comparte; y lo mejor de todo: es imitable.

Una pobreza limpia. Visitamos unas 28 familias, la mayoría vivían en casas de barro, esculpidas en barro, no con ladrillos o adobes. Sin embargo nunca he encontrado en La India casas más limpias, por dentro y por fuera. Usan varias tonalidades de barro, dejando las paredes en gris oscuro, el suelo en gris claro y adornando los muros exteriores con motivos simétricos. El suelo (también de barro) está tan duro que cuesta creer que sea barro, con lo que no hay problema en barrer cada día la casa. Todo ello hace de una simple casa de barro, un hogar bonito, espacioso, fresco y limpio.

Una pobreza que no busca aparentar. Se trata de poblaciones tribales, las primeras poblaciones del subcontinente, liberados de las lacras negativas de la cultura hindú. Poblaciones donde las castas se viven más como algo responsable  que como algo excluyente, y donde ser pobre es algo circunstancial, pero no determinante. Esto lleva a eliminar cualquier tipo de queja, lamento o súplica en torno a “la falta de”, así que el que les visita se siente bien, tranquilo y como en casa. Nunca se me olvidará la abuela que cando llegamos hasta su casa tras un largo camino a pie nos acogió, como algo natural, lavándonos los pies sin prisa, con cuidado, con tanta dedicación que era fácil ver reflejado al Maestro en aquel Jueves Santo. 

Una pobreza que comparte. Y comparte lo que tiene, sea té o café (por muy malo que salga), sea un plátano, una pasta o una mirinda. Nunca nos faltó nada y siempre nos ofrecieron más de lo que yo ofrezco a los que nos visitan. Una familia nos “obligó” a llevarnos una bolsa con arroz y huevos porque “así se trata a los que nos visitan”.

Total, que a uno se le queda la cara de yoquesequé mirando y admirando a esta gente que se acercan tanto a la pobreza evangélica, que se aleja de los conceptos económicos y materiales y se centra más en lo humano, en la acogida, en lo cotidiano… en fin, en lo evangélico Así de simple y así  de imitable.

Sé que nunca leerán esto porque en esas zonas no hay ni Internet ni cobertura telefónica, pero tengo que darles las gracias por la lección callada que están dando a La india, a la Iglesia y al mundo entero.

Felices Pascuas.

H. Jorge

Madurai, 1 de Abril de 2008

 

Un reto solidario

(Marzo 2008)

Hace algo más de un año, los Hermanos de La India vimos la necesidad de proponer un proyecto de "destrucción y construcción" de una escuela en una de las diócesis más pobres de Tamil Nadu. Sivagangai. Nuestra idea era llevar a cabo dicho proyecto en dos años ya que el monto total ascendía a 60.000 euros, cantidad demasiado alta para ser subvencionada por Carumanda. Nuestra sorpresa fue cuando Carumanda propuso cubrir la totalidad del proyecto en un solo año. he de reconocer que nos dieron una lección de lo que significa arriesgar en positivo, la famosa "audacia evangélica". El caso es que durante todo ese año, fueron muchas las familias, muchas las iniciativas y colaboraciones (famosos y anónimos), que hicieron posible recaudar esa cantidad.

Pues bien, en la primera semana del mes de febrero tuvimos la inauguración del centro. Cuando me subí al escenario para dirigir unas palabras a los alumnos y sus familias, tenía muy claro cual debía ser el mensaje. Ese edificio es el resultado de la generosidad  de cientos de socios, alumnos y familias que, no siendo ricos ni adinerados, decidieron aportar su granito de arena para hacer posible ese edificio. Si hay que dar las gracias a alguien, ha de ser a los que aportaron y a los que arriesgaron por este proyecto. Y la mejor forma de dar las gracias es "aprovechándose" de él. El problema educativo de la India es tan grande que no se ponen de acuerdo para decidir por dónde empezar. De lo que estoy seguro es de que el colegio y la formación básica es la puerta del futuro para los que hoy carecen de él... 

La sonrisa, sincera y espontánea, de los más pequeños que durante mucho tiempo han visto "crecer" su nuevo colegio pagaba tantos esfuerzos. La mirada perdida de los antiguos alumnos (más de 40 años atrás) intentaba reubicar el nuevo edificio sin borrar de su memoria esas paredes de madera carcomida que acogieron y formaron a tantos y tantos alumnos durante tantos y tantos años. En fin, una fiesta en la que no se paró de dar las gracias a Carumanda y a sus colaboradores por hacer realidad la lucha por la justicia social entre los más desfavorecidos.

Creo que es justo transmitir este sincero agradecimiento.

Gracias.

H. Jorge

Madurai, 1 de Marzo de 2008

 

 

Una huella imborrable

(Febrero 2008)

Hace unas semanas, con motivo de visitar a las familias de los candidatos que se han puesto en contacto con nosotros para venir el curso que viene, tuve la oportunidad de regresar a la zona del tsunami y hablar con las familias. Cuando visité las escuelas allá por el mes de agosto, no tuvimos tiempo ni de pararnos a echar un vistazo ni de charlar con la gente, ahora sí. Y el tsunami sigue ahí, como una frontera claramente delimitada en el tiempo que dejó tras de sí un antes y un después. La avalancha de ayudas que llegaron de todas partes del mundo contribuyó a reconstruir la zona, o mejor dicho a construirla en muchos casos en otra parte, dejando tal cual lo que quedó tras la ola y que hoy sigue ahí como testigo mudo de la catástrofe. En la mayoría de aldeas de la costa, aparecieron  nuevos barrios y calles con el nombre desconocido tan sólo unos meses atrás como "Calle del tsunami", "Barriada del tsunami" o "campamento del tsunami" y  que hoy nos parecen tan normales. En fin, a pesar del tiempo, el paisaje todavía nos invita a imaginar lo que se vivió en esa fatídica mañana. Sin la ayuda internacional todo esto no habría sido posible.

Sin embargo, hubo algo que esa ayuda no pudo reconstruir: la memoria. Cuando visité a las familias de la costa (un total de 36), al menos 20 de ellas vivían en zonas afectadas por el maremoto, de esas 20, 10 de ellas habían perdido sus casas y vivían en estas barriadas (por cierto, una barriada fue pagada parcialmente con el dinero procedente de la ayuda que llegó de nuestros colegios y nuestra Congregación). Dos de estas familias habían perdido seres queridos y la herida seguía abierta. Se me partió el alma al visitar una familia que había perdido a uno de los hijos de 14 años y cuyo hermano ahora también con 14 quería venir con nosotros. El hecho de recordarlo dejó al padre sin habla hasta que terminó nuestra entrevista. La foto en la pared desnuda sólo hacía que recordarles la amargura vivida. La inmensa mayoría no quiere olvidar lo que pasó, ni quiere ni puede y sólo las futuras generaciones crecerán con un recuerdo que no genere tanto silencio y tanta lágrima.

Al menos tengo el consuelo de que nuestra sola presencia es consuelo y fortaleza porque la fe de esta gente es de lo poco que no se llevó el tsunami.

En fin, un abrazo y ánimo con la cuaresma.

H. Jorge

Madurai, 1 de Febrero de 2008

 

¿Por qué hacia el Norte?

(Enero 2008)

Queremos compartir con vosotros, que seguís nuestras andaduras en este inmenso país por medio de la página web, un nuevo paso en esta aventura fundacional. El 11 de Diciembre emprendí un viaje desde Eluru (Andhra Pradesh) hacia el norte de La India. En 24 horas de tren pude recorrer la distancia de unos 1000 kilómetros que separan estas distintas realidades culturales. Los Hermanos habíamos hablado varias veces de hacer una exploración por la zona del Chotanagpur (una meseta que pertenece políticamente a tres estados: Orissa, Jharkand y Chhattisgarh). Durante estos siete días he podido conocer un poco más a los católicos tribales de esta región: sus valores, sus luchas y sus esperanzas.

     A muchos de vosotros os chocará porqué este viaje tan largo, y os preguntaréis porqué hacemos estas pequeñas “locuras”. Por supuesto no se debe al placer turístico o a la falta de ocupaciones. La primera respuesta que os puedo dar está en el título de una canción de Kairoi: “Vale la pena arriesgar”. Estamos convencidos que vale la pena arriesgar por un buen futuro para los Hermanos de la Sagrada Familia en La India. En una Iglesia en la que las diferencias culturales llevan a la división, nosotros soñamos con unas comunidades de Hermanos enriquecidas por miembros de diferentes proveniencias.  Quizás nos mueve, como al Hermano Gabriel, el celo apostólico por buscar buenos candidatos que construyan el Reino de Dios en este país lleno de desigualdades y de esperanzas.

Este es el primer paso al que en los próximos meses seguirán otras visitas. Esperamos que, con la gracia de Dios, el próximo curso se añadan al grupo de aspirantes de Andhra candidatos tribales de Chotanagpur y Orissa. Contamos con vuestro apoyo y vuestras oraciones. Gracias y hasta pronto. Unidos en Jesús, María y José.

 Roberto Cabello.

Eluru, 5 de Enero de 2008