iario isionero

La Paz es el camino Septiembre 2013

Hay gente que piensa que los misioneros somos ajenos a lo que ocurre en el resto del  mundo, como si el hecho de vivir en un país en vías de desarrollo nos nublara los sentidos y nos hiciera “impermeables” a las situaciones de pobreza que se viven en otros países. Pues bien, nada más lejos de la realidad. No sólo somos conscientes sino que en muchos casos, gracias a la tecnología, somos partícipes de lo que se cuece en otros lugares, incluso me atrevería a decir que hay situaciones con las que llegamos a conectar o comprender más fácilmente por el hecho de estar en un país donde la lucha diaria se mide con otro rasero. Y uno acaba convencido de que hay pobrezas y pobrezas, pero la más sangrante es la pobreza por la falta de paz. 

Amigos, nos falta paz. Falta paz en Europa, en las relaciones internacionales, en el orden mundial, en la declaración de intereses internacionales, en el diálogo interreligioso, en el discurso político, en la manera de interpretar el pasado y en la forma de plantearse el futuro…  Y hasta aquí uno puede decir eso de “lo siento, no puedo hacer nada para evitarlo”, pero es que también nos falta paz en España porque nos tienen envenenados los sentidos con promesas de uno o varios colores, porque la política (el arte de vivir juntos) ha traicionado al pueblo, y nos engañan con banderas y consignas incendiarias que sólo buscan eso, dejar de vivir juntos; porque se persiguen los valores de forma tan descarada que hoy en día, el hecho de pensar por uno mismo y tener una moral (no ya cristiana, simplemente humana) es como ser “anormal”… y aquí ya no vale lo de “no puedo hacer nada” porque no es verdad: se puede hacer algo. Hay muchos caminos, elige:

-    Ten la televisión apagada más que encendida, selecciona lo que ves, si quieres perder el tiempo piérdelo en algo que merezca la pena; vigila las manipulaciones de los mass media (incluido Internet);

-    escucha y trata de entender lo que no entiendes; he vivido en Cataluña cuatro años y por encima de las fronteras y las banderas están las personas, llamadme iluso, pero hoy le diría a muchos castellanos que trataran de entender al pueblo catalán y a muchos catalanes les pediría que trataran de hacer lo mismo con el pueblo castellano.

-   aléjate de los tópicos, de los sambenitos,  de lo “pre-pensado” y preestablecido… si hace mucho que no te tomas “un algo” con tu hermano/a, familia o amigo por un malentenddo, recupera el terreno perdido y celebra una “conferencia de paz” en territorio neutral (bar, café restaurante…);

-    da tiempo al tiempo, las “heridas de guerra” son complicadas, pero curan si uno se empeña….

-   “naturalízate” en tu forma de hablar, en tu forma de relacionarte, en tu forma de pensar y de querer; muchas veces la violencia se manifiesta más en nuestro tono de voz que en nuestro discurso.

-      y por último, perdona, no hay paz sin perdón.

Recuerda, no hay un camino para la paz, la paz es el camino.

Sed felices.

Jorge

 

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Jay Yesu, Namaskar, Khublei
Agosto 2013

… son palabras que quizás os suenen a “chino” o mejor dicho a “indio” por carecer de significado para vosotros. Para mí también lo eran hasta que en los meses de Abril y Mayo a fuerza escucharlas una y otra vez, han ido calando hondo y cobrando un sentido pleno. Las tres se usan como saludo, gesto de bienvenida en algunas de las lenguas de este inmenso país que es India. A través de ellas voy a tratar de dar algunas pinceladas de mi experiencia en diferentes estados, llena de encuentros y emociones y también de muchos, pero que muchos kilómetros.

 Jay yesu. Es una palabra en Hindi (idioma oficial de la India) con la que se saluda en el estado de Jharkhand. A lo largo de 15 días la he escuchado en boca de jóvenes que vienen con inquietudes a nuestros campos vocacionales, en boca de padres, madres, herman@s, abuel@s, ti@s, prim@s... –concepto amplio de familia- que te reciben cordialmente en sus casas no sin cierta cara de extrañeza al ver un “blanco” (no sé si por primera vez), en boca de sacerdotes y monjas que con amabilidad te acogen para tomar un té con pastas, comer “tortilla de patata” (todavía no me lo creo), o incluso para hospedarte durante una noche.

Se pronuncia de una forma suave, sin alzar la voz. El sonido es cálido y acogedor. Transmite sencillez, cercanía, ternura y a la vez respeto máximo por la persona que tienes en frente. Se acompaña con el gesto de darse la mano que acentúa más si cabe las actitudes antes descritas.

 Namaskar. En lenguaje Oriya (propio del estado de Orisha) expresa bienvenida. Tiene connotaciones similares a la palabra anterior. A veces se acompaña con el gesto de unir las dos manos de la misma persona, algo parecido a lo que nos enseñaron, al menos a algunos, cuando empezábamos a rezar. Pronunciada por boca de jóvenes, familias, religios@s, sacerdotes que durante 10 días nos hemos ido encontrando entre montañas y caminos polvorientos.

 Khublei. La utilizan los oriundos de Meghalaya, estado al nordeste de la India que linda con Bangladesh. Tiene una acepción amplia de significado, tanto como saludo como expresión de gratitud. Parece estar enraizada en la cultura de un pueblo que he podido vislumbrar como acogedor, respetuoso, que escucha y dialoga con tranquilidad, que te ofrece con generosidad lo que tiene y es, que ama la hermosa tierra y naturaleza en la que viven y de la que se sustentan. Durante 10 días la he escuchado en labios de niños jugando con un simple palo, jóvenes estudiantes uniformados, sencillas y acogedoras familias, profesores responsables y sacerdotes y religios@s entregados.

 Daría para un análisis mucho más detallado de cada lugar y sus gentes: del dónde y cómo viven. Quizás en otro momento. Ahora solo quiero pasar a detallar algo que me llamó la atención. Es el “ritual” que se produce cuando se visita una familia. A lo largo de este mes y medio he visitado en torno a 60 familias de candidatos que quieren venir a nuestra casa de formación. En la mayoría se produce un ritual parecido que está lleno de significado y que se desarrolla de la siguiente manera:

-    Cuando llegamos en coche o a “pata” (dependiendo de lo in-accesible donde se encuentre la casa) nos saludan cálidamente con alguna de las palabras anteriormente mencionadas.

-     Nos introducen en sus humildes casas y nos ofrecen asiento;

-    Posteriormente una persona pasa con una jarra de agua y una palangana. Derrama agua sobre nuestras manos y nos ofrece una toalla para secarnos. Gesto lleno de simbolismo que no necesita mucha explicación.

-    Nos ofrecen un vaso de agua que al principio uno toma con algo de “recelo” pensando si estará purificada o no, pero que, con el calor sofocante, después de la tercera visita entra que da gusto sin ningún recelo.

-   Después la palabra y el silencio tienen su tiempo. Informamos y charlamos (algunos, en ocasiones solo “ponemos la cara”) sobre nosotros, nuestra casa, nuestra formación etc. Te escuchan con atención, respetando el turno de palabra, intercalando silencios que “acogen”. Mientras en la cocina, ya se han puesto manos a la obra para preparar un té con pastas o algún refresco típico de la tierra o incluso en algunos lugares una comida en toda regla, con su arroz y su “curry”, preparada de forma especial para la ocasión, y por la cual ha sido “sacrificado” un pobre pollo un par de horas antes. Cuando el tentempié o la comida está preparado se procede, normalmente en silencio y con la mano (derecha) como es costumbre por aquí.

-    Después, de nuevo se repite el rito del agua  con la jarra y la palangana para lavar nuestra mano derecha de la que pende algún que otro grano de arroz.

-    Finalmente,  tras ciertos momentos de diálogo, se despiden de nosotros, uno por uno. Algunos nos acompañan incluso hasta el coche y cuando ya estamos en marcha nos ofrecen la última de sus sonrisas.

 Y así reiniciamos de nuevo el camino, no sin un cierto “bamboleo” debido a los continuos baches y “socavones” que nos ofrece la carretera, hasta que paramos en la casa de otra familia en la que con pocas variaciones se repite de nuevo el “ritual” de encuentro, tan lleno de humanidad, que siempre comienza de la misma forma: Jay yesu, Namaskar, Khublei.

Hno. Javier Angel

 

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La hora del sacrificio
Junio 2013

Es junio y el nuevo curso ha empezado en la India. Durante este curso el cartel motivador contenía esta pregunta: “¿Qué hora es?” Pues bien parece ser que la respuesta a esta pregunta es: la hora del sacrificio. Estamos experimentando la mar revuelta o las cumbres borrascosas: no poder volver, no poder salir, lo que no queremos, lo que entra en nuestras expectativas….

 Cuando hablo de sacrificio no me refiero a algo que elegimos para disciplinarnos, sino a lo que nos viene dado y no ha sido buscado por nosotros. Con una expresión que utilizaba alguien que conocí en una situación similar a la presente: “La cuerda viene cagada y hay que agarrarla con los dientes”.

 El sacrificio implica por un lado una renuncia a algo del presente-pasado para dar paso a algo nuevo de cara al futuro. Es el momento de aceptar la realidad como es: dificultades, problemas, contradicciones, decisiones… para “la mayor gloria de Dios”, como reza el lema de los Jesuitas. O lo que en cristiano significa aceptar el plan amoroso de Dios para nosotros, seguir al Maestro cargando con la cruz.

 Es según mi punto de vista una oportunidad para crecer en generosidad y en entrega, la poda que precede a los brotes nuevos, un tiempo de cambio (destino, comunidad, misión, responsabilidad, país, realidad, modo de vida…), y un tiempo de esperanza cristiana: al final la victoria está en manos del Señor de la historia.

 Espero (con el sentido de tener la confianza) que este tiempo de sacrificio lo vivamos como una prueba necesaria, aunque desagradable, que nos ayude a madurar; como un tiempo de gracia y salvación guiados por la mano maternal de Dios.

 Saludos fraternos. Br. Robert F.S.F.

Peregrino en propia tierra
Mayo 2013

Aunque parezca paradójico es aquí, en la patria de la que soy oficialmente ciudadano, donde me siento como pez fuera del agua. Por estas cosas que tiene la Providencia me encuentro por la piel de toro recorriendo las diferentes comunidades-colegios de la península para hablar de la India, o mejor de nuestra experiencia en este semi-continente con tanta riqueza cultural dada la variedad étnica, lingüística y religiosa.

Esta aventura comenzó hace diez años, por lo cual es una buena oportunidad para sacar a la luz las experiencias vividas y dar gracias por los dones recibidos de la bondad divina. He tratado de vivir las numerosas charlas con los alumnos de quinto y sexto de primaria; primero, segundo y tercero y cuarto de secundaria; y primero de bachillerato; con la misma ilusión del que hace un regalo. Contar lo vivido me ha ayudado a sacar del baúl de los recuerdos y a desempolvar la pátina con que la rutina cubre lo más sagrado: lo extraordinario del día a día.  

He utilizado dos tipos de presentaciones con los grupos que me he encontrado. La que más he usado era como un recorrido por los estados donde están nuestras comunidades (Tamil Nadu, Andhra Pradesh, Jharkhand) y los que visitamos frecuentemente (Orissa, Meghalaya). Me serví de una presentación sobre las diferentes manifestaciones religiosas para los encuentros con los mayores: Hinduismo, Budismo, Jainismo, Animismo, Cristianismo, devoción, inculturación, relaciones, persecución y servicio.

“¿Cuándo vuelves a la India?” es la pregunta que como un mantra se ha ido repitiendo cuando en la conversación con la gente surgía la cuestión sobre mi situación. A ello suelo responder de dos formas que contienen verdad: “Cuando la Embajada de la India me de permiso para entrar” es una respuesta superficial desde lo obvio; “Cuando Dios quiera” es la respuesta desde el fondo, desde el plano de la fe. En cualquier caso esta cuestión deja a uno de preocuparle cuando uno hace todo lo posible que está en sus manos y comienza a centrarse en lo importante, es decir: en abrazar el sufrimiento, la cruz, o mejor dicho, en amar al Crucificado en esta situación; y a ponerse en las manos bondadosas de Dios que va tejiendo su plan de amor con unos renglones torcidos que nuestro entendimiento se resiste a aceptar.

De corazón agradezco a todos/as los que me han acogido y ayudado en esta empresa: en primer lugar a los Hermanos de las comunidades con los que he compartido casa, mesa, oración y comunidad; a los profesores que amablemente han puesto a disposición sus horas de clase; al personal de servicios por sus solícitas atenciones…

Espero que gracias a estos encuentros grupales en los que he compartido mi testimonio por medio de lo que vivo y hago se haya encendido la llama de la vocación en cada uno de nosotros.

 Hermano Roberto Cabello F.S.F.

Los Vialucis
Abril 2013

Sé que a más de uno le chocará lo que voy a  decir, pero siempre que termina la experiencia de Pascua me pregunto si ponemos la misma intensidad en la resurrección como en la pasión. Parece como si nos gustara más la muerte que la resurrección.

Durante el tiempo de Cuaresma no han faltado actos de piedad, Viacrucis, ayunos, "Horas santas", etc, y me parece bien porque ayudan a uno a centrarse en el tiempo litúrgico que se está viviendo y porque además tienen un sentido pastoral ya que permite expresar con un gesto o una acción lo que vive el corazón. No seré yo quien le quite la parte positiva a tanta tradición...

Sin embargo hay que reconocer que hemos descuidado las expresiones de resurrección, los "Vialucis", los gestos y acciones que hablan de un corazón convencido de la vida, de lo nuevo, de la aventura del "Id por todo el mundo", del Cristo Resucitado.

Nuestra vida no puede seguir igual que antes de la Pascua, no tiene sentido. No tiene sentido que busquemos experimentar la pasión, acompañar a Cristo hasta el Calvario (o hasta la tumba si se quiere) si luego no queremos experimentar su resurrección. Nuestra fe no se basa en una muerte, se basa en una resurrección y por eso debemos buscar los medios que hablen de un Cristo Resucitado. Bien lo sabía San Pablo cuando dijo eso de "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe".

Pues ahí van unos cuantos medios (el orden es lo de menos):

1. Reconciliación. No hay resurrección si no hay reconciliación. Hay broncas que duran años porque nadie se ha parado a pensar de lo absurdo de la bronca. El tiempo de Pascua es el mejor momento para "recomenzar" y quitar la broza en las relaciones personales.

2. Comunión. No podemos vivir solos. La presencia de Jesús Resucitado en medio de los que estaban reunidos es un testimonio para vivir durante el tiempo de Pascua la vivencia comunitaria. Qué distintas serían las misas...

3. Alegría. No he visto en ningún sitio un Dios más "empecinado" en dar alegrías. La Alegría Serena es uno de los frutos de la resurrección. No es sonreír porque sí, es estar alegre. No es un sentimiento, es una forma de vida.

4 Paz. No podía faltar. Jesús no para de repetirlo cuando se aparece resucitado. La paz del corazón, la que no depende del ruido ni de los vecinos, la que depende 100% de la armonía de uno mismo con la vida.

5. Aventura. Confieso que este es el que más me gusta. Cristo resucitado es razón suficiente para llevar a cabo una experiencia nueva que lleve a la vida: una excursión al mes, un retiro, un libro, una comida, una cita, lo que sea con tal de que nos lleve a sentir la Vida.

6. Seguro que encuentras alguno...

La revolución del Cristo resucitado no es un paño blanco colgado de una cruz; es la experiencia de ver que todo tiene sentido (incluso la cruz) y que el mundo se queda pequeño para los que aman de verdad.

FELIZ RESURRECCIÓN!

Sed felices
Jorge





Confesiones de un formador (I)
Febrero 2013

Sin ánimo de adoctrinar sino más bien de compartir os hago llegar algunas de las reflexiones –confesiones- que a uno se le pasan por la cabeza de vez en cuando en el desarrollo de la tarea educativo-formativa de una casa de formación como es la nuestra de Eluru. Esta pretende ser la primera entrega o confesión de un número sucesivo, que no me atrevo a vaticinar, pero que me gustaría que tuviera cierta periodicidad en este diario misionero.

¿Pentecostés o Torre de Babel?

Para los iniciados en Sagrada Escritura, supongo que aquí entramos todos los formadores, valga la “nomenclatura” bíblica  de estos dos acontecimientos para vislumbrar la importancia que tiene la comunicación-diálogo-entendimiento en una casa de formación.
 
En nuestra casa en lugar de “Partos, Medos…., de Frigia o de Panfilia” (de esta última quizás podemos tener alguno) los tenemos de Jharkhand, Meghalaya, Odhisa, Andhra y Tamil Nadu que son estados de la India que cultural, social y lingüísticamente tienen que ver poco entre sí, con lo que la heterogeneidad se subraya con todo lo que tiene de riqueza pero también de desafío.
 
Aquí es donde la comunicación y el diálogo juegan un papel fundamental para que día a día todo este conjunto se parezca más a un Pentecostés (donde predominen el entendimiento, la armonía, la unidad, el lenguaje del amor) que a una Torre de Babel (en la que persisten la falta de entendimiento, el egoísmo, la agresividad y el caos).
 
Uno tiene la impresión que esto de construir Pentecostés no es solo cuestión de lenguaje. Lo dice uno que desde el principio se ha visto involucrado en “sudores”, “sinsabores” y “limitaciones” a la hora de entender y hacerse entender con la sensación de que en muchas ocasiones no logras comunicar o captar ni un 50% del mensaje que se quería transmitir. Esto es lo que los expertos llaman barrera lingüística y que en mi propia jerga es un “vamos a ver si nos logramos entender”.
 
No, por lo menos no es solo cuestión de lenguaje hablado sino de entender un lenguaje común que es el del amor que se construye con actitudes como la acogida, la cercanía, el acompañamiento, el perdón, la aceptación, el respeto, la alegría, el buen humor…(la lista está abierta, puedes añadir alguno más desde tu experiencia). Este lenguaje creo que lo entendemos todos formadores y formandos. Con esto no quiero poner en tela de juicio “el inglés como lengua vehicular en nuestra casa de formación” tal como reza nuestro proyecto y tan difícil de poner en práctica. Sino, que se trata de crear un estilo de vida en el cual todos Hermanos y formandos seamos parte activa desde nuestras actitudes de fondo.
 
Es bueno preguntarse de vez en cuando cual de estos dos prototipos bíblicos abunda más en nuestras casas de formación: ¿Reina la armonía o el caos? ¿el entendimiento o la disensión? ¿la unidad o la división? ¿el diálogo o el monólogo (algunos muy buenos, por cierto)? ¿la agresividad o la paz?..
 
Te puedo decir sin miedo a equivocarme que en nuestro caso los dos prototipos conviven.

-          Hay veces que en la relación formador-formando, formando-formando y formador-formador no hay entendimiento, y no es porque cada uno esté hablando en su lengua materna (que a veces también pasa) sino por motivos diversos que en ocasiones son complejos y en otras más simples que el mecanismo de un chupete. En las dos primeras relaciones, encuentro fundamental la labor del formador, ya que por su madurez, experiencia y formación (digo yo) puede tener más recursos para encauzar situaciones de “Torre de Babel”, o sea conflictivas.

-          Otras en cambio parece que en la casa se respira un ambiente de armonía, conexión, unidad..(hasta que llega el momento de repartir los “dulces” de la tarde) y se percibe un cierto “todos a una” incluyendo a los de “Panfilia”.

 En fin, que todo esto es un reto diario, y que no se me vaya a olvidar que contamos con la ayuda del Espíritu que es el que hizo posible aquel milagro en Pentecostés y el que hace posible que lo sea también en nuestra casa de formación.

H. Javier Ángel

 

 Que la esperanza os tenga alegres

Enero 2013

Imagino que no es el mejor momento para oír hablar de esperanza viendo la situación que se está viviendo en España (y no me refiero a ningún personaje político). Sin embargo ahora que andamos en el mes de la Sagrada Familia no he podido vencer a la tentación de escribir unas líneas sobre el don de esperar en positivo o, lo que es lo mismo, la esperanza.

En la India son muy dados a esperar. Supongo que aprenden desde pequeños que las cosas tienen su tiempo y, si dependen de otros, es mejor plantearse la espera desde un prisma diferente. A veces yo lo comparo con el "Non-Violence" de Gandhi (el "ahinsa" que llaman los Jainistas), que más que la no violencia es una actitud ante la vida, es enfocar las cosas desde una perspectiva tan distinta a la nuestra que muchas veces, como dicen por allá, a nosotros nos "hierve la sangre". Porque donde nosotros vemos "pasividad" otros ven "paz", donde vemos "urgencia" otros ven "tiempo", donde vemos "burocracia" otros ven "trabajo", etc... y así van las cosas por aquí: a su ritmo.

Y sin embargo, en algunos casos, hay un toque de esperanza en esa actitud ante la vida que hace que se convierta en virtud. Y digo "algunos casos" porque para ser justos he de decir que hay "muchos casos" donde la pasividad y el  desinterés paralizan cualquier tipo de avance social, convirtiéndose en una lacra para este país (y para muchos otros, dicho sea de paso), frenando las iniciativas o mermando la posible fuerza del pueblo.

En fin, no nos desviemos del tema que mi intención no iba por ahí. Lo que me llama la atención es que hay personas que han descubierto que la esperanza que vale la pena es la que reporta alegría porque si no, o no es esperanza o no es necesaria. Y es en esa actitud donde nuestras formas de ver la vida coinciden plenamente. La virtud cristiana de la esperanza no puede apagar los espíritus sino todo lo contrario, debe encenderlos. No se trata de tener una "sonrisa tonta" dibujada en la cara, y menos cuando el panorama social es tan desolador, pero sí se trata de usar la esperanza como acicate, como "motor de búsqueda", como fuerza interior capaz de animar (dar ánimo=dar vida) lo que para otros está muerto o simplemente acabado. Es una auténtica revolución interior porque saca fuerzas de donde no las hay y las saca para todo: para enfocar el trabajo de forma distinta, para vivir las relaciones personales con mucha más paz, para ver el futuro sin colores, ni negro ni blanco, sino como un reto... para ser tremendamente feliz.

Me gustaría terminar con una frase de la película de "Tierras de penumbra" protagonizada por Anthony Hopkins: "el dolor de hoy forma parte de la felicidad de entonces" ... una frase que quedó gravada en mi mente hasta tal punto que la he utilizado en más de una clase, incluso me atreví a terminarla con "pero la madurez de hoy es el primer paso para sentirla de nuevo".

Animo!!!

H. Jorge